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Miércoles 3
de Enero de 2007.
Por
Paco (manfrax@hotmail.com)
Recordando
a Gagarin

El
12 de abril de 1961 el cosmonauta ruso Yuri
Gagarin se convirtió en el primer ser humano en
salir del planeta, tripulando una pequeña nave
llamada Vostok le dio la vuelta a la Tierra en un
vuelo de apenas una hora y cincuenta minutos.
Esos escasos minutos representan uno de los
mayores logros en los miles de años de historia
humana. Y es que antes de que otro hombre diera
unos "pequeños pasos" que a la postre serían unos
"grandes pasos para la humanidad", había primero
que salir de la cuna planetaria y realizar
nuestros primeros pero conmovedores titubeos en el
espacio.
Apenas al tener una perspectiva de nuestro planeta
desde el espacio Gagarin comentó: “¡Veo la Tierra!
¡Es hermosa!”. Esas fueron también las primeras
palabras que ha pronunciado un hombre desde el
espacio. También se dice que pronunció otra frase
célebre: “Aquí no veo ningún dios”.
Calificar a Gagarin como un héroe de la
exploración espacial no es un adjetivo gratuito.
Para la época en la que se realizó el viaje era
muy poco lo que se sabía sobre los efectos del
espacio exterior en el cuerpo humano. El
funcionamiento de la circulación sanguínea en un
ambiente sin gravedad o la presión sufrida por el
cuerpo humano al viajar a velocidades una antes
experimentadas resultaban verdaderas incógnitas.
Gagarin enfrentó la hostilidad del espacio no
únicamente en nombre de la URSS sino de toda la
raza humana.
Cuando el cosmonauta regresó del espacio se
enfrentó a otro problema, para aterrizar
necesitaba separarse de la pequeña cápsula Vostok
y descender con ayuda de un paracaídas. Sin
embargo esta maniobra no estaba controlada y el
cosmonauta aterrizó en las cercanías de la ciudad
Engels, un lugar muy cerca del río Volga. Se dice
que un par de campesinas que se encontraban en el
lugar observaron atónitas la llegada de ese
extraño sujeto ataviado con un extraño disfraz y
bajando en paracaídas. Gagarin tuvo que
tranquilizarlas con estas palabras “No tengan
miedo, soy uno de los nuestros y necesito un
teléfono para llamar a Moscú”.
En Moscú sin embargo no le daban demasiadas
probabilidades de éxito y por ello dirigente ruso,
Nikita Krushev, tenía preparados dos discursos en
el caso de que el viaje de Gagarin hubiera tenido
un desenlace fatídico.

Durante su permanencia en el espacio Gagarin
obtuvo una gran enseñanza sobre nuestro planeta y
paradójicamente tuvo que alejarse miles de
kilómetros de él para ver las cosas tan claras:
"Dando la vuelta a la tierra a través de mi nave
espacial pude maravillarme de la belleza de
nuestro planeta. Habitantes del mundo, tenemos que
cuidar y mejorar esta belleza, no destruirla."
Acto seguido Gagarin plantó un árbol en el
cosmódromo de Baikonur, lugar donde los soviéticos
lanzaban sus misiones al espacio. Se trataba de un
acto de esperanza en el que intentaba aportar algo
para preservar el paraíso que pudo observar desde
el espacio.
Años después el héroe perdería la vida al
estrellarse en un vuelo de pruebas. El logro que
protagonizó sin embargo subsiste y no debemos
olvidarlo. Nos va a inspirar en el momento que
demos el siguiente paso al espacio. ¿Lo
lograremos?
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