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LOS
INSTRUMENTOS DEL ASTRÓNOMO
Por
Roberto Bartali.-
La
Astronomía es la ciencia que estudia los astros,
esta es la definición más común. ¿Pero como le
hacen los astrónomos para saber tantas cosas? En
los libros encontramos mucha información acerca de
cómo nace, evoluciona y muere una estrella, a que
distancia se encuentra, que elementos químicos se
encuentran en una nebulosa o a que velocidad gira
una galaxia en los lugares más remotos del
Universo.
¡Muy sencillo! Solo las vemos, las fotografiamos y
pasamos la luz que nos llega a través de un prisma
o una serie de delgadas rendijas para analizar su
espectro (que nada tiene que ver con los
fantasmas!) o sea vemos como se descompone su luz
en un arco iris (como dice justamente la Dra.
Julieta Fierro).
Se dice fácil, pero no lo es, la luz que nos llega
de una galaxia lejana es equivalente a la de una
vela a 200 kilómetros de distancia.
Por
eso necesitamos de telescopios enormes, cuyos
espejos tengan diámetros de más de 10 metros
(figura 1), radiotelescopios con antenas de 100 y
más metros de diámetro (figura 2) y, debido a que
la atmósfera terrestre absorbe la gran mayoría de
las radiaciones que llegan desde el espacio,
también tenemos que mandar telescopios lejos de la
tierra (figura 3). Juntando la información que nos
proporcionan, es como podemos determinar y
comprender que es lo que sucede a miles de
millones de trillones de kilómetros de distancia.
Con este vamos a iniciar una serie de artículos en
los cuales describiremos los diferentes tipos de
instrumentos que utilizamos en Astronomía para
comprender como funciona el Universo. Al final
tendremos una idea muy precisa de cuales son los
fenómenos físicos que se desarrollan en las
estrellas, nebulosas y galaxias.



Vamos a empezar por el principio, describiendo lo
que llamamos el “espectro electromagnético” que,
dicho con palabras sencillas, no es otra cosa más
que la lista de todos los tipos de radiación que
emiten los astros y que es interceptada por
nuestro planeta. En la figura 4 podemos observar
que hay muchos tipos de radiación, pero la
diferencia entre cada una no es otra cosa más que
su longitud de onda o frecuencia. Es como si
tuviéramos un radio y quisiéramos sintonizar las
diferentes estaciones. En lugar que mover una
perilla u oprimir un botón, lo que hacemos es
construir un telescopio o un instrumento capaz de
sintonizar solo una pequeña parte de cada tipo de
radiación. O sea, es como si construyéramos o
tuviéramos un radio distinto para cada estación.
Así que para recibir la radiación gamma (por
ejemplo), tenemos que construir un telescopio que
sea capaz de detectarla, pero ese telescopio no es
capaz de detectar la luz ultravioleta, ni la
infrarroja, ni tampoco las ondas de radio, etc.
Por esa razón, para cada tipo de radiación existe
un tipo especial de telescopio, que describiremos
en cada artículo. Además explicaremos que es lo
que sucede en los astros para que se genere cada
una de las radiaciones descritas en la figura 4.

Figura 4
Imagen: Herschel Space Observatory
Nuestros ojos son un minúsculo telescopio que es
capaz de recibir solo una pequeña parte de
radiación, la que comúnmente llamamos luz visible,
que esta comprendida entre los rayos ultravioletas
y los infrarrojos. ¿Se han preguntado alguna vez
porque es así? ¿Porque no podemos detectar las
ondas de radio o tener visión en rayos X? ¡Sería
muy interesante!
El Sol, nuestra estrella, es la fuente de luz y
calor que mantiene la vida sobre la Tierra, y,
precisamente porque la mayor parte de la radiación
que recibimos del Sol es luz visible (compuesta
por los colores del arco iris), nuestros ojos se
han adaptado a ella. Si viviéramos en un planeta
cuya estrella principal fuese una muy fría y roja,
seguramente nuestros ojos nos permitirían ver la
luz infrarroja, pero no veríamos ni el azul ni el
violeta. Por el contrario, si nuestro planeta
estuviese girando alrededor de una estrella muy
caliente (mucho más que el Sol), nuestra vista
sería mejor adaptada para recibir la luz
ultravioleta y azul, pero no veríamos los colores
rojos.
El sol, como decíamos, emite la que llamamos “luz
blanca” (figura 5), pero sabemos que en realidad
es el conjunto de los colores del arco iris
(violeta, azul, verde, amarillo, naranja, rojo),
pero no emite la luz de cada color con la misma
intensidad, sino que cada una, con una distinta.
Es como si en la superficie de nuestra estrella
hubiese una serie de enormes focos, cada uno de
los colores del arco iris, pero de diferente
potencia. Por ejemplo uno violeta de 15 watts, uno
azul de 30 watts, uno verde de 90 watts, uno
amarillo de 100 watts, uno naranja de 70 watts y
uno rojo de 30 watts.

Figura 5
Debido a que la luz amarilla y verde son las más
intensas, nuestros ojos se han adaptado a ellas y
son más sensibles precisamente a esos colores.
Afortunadamente, en nuestro ojo tenemos 2 tipos
diferentes de células, unas que son muy sensibles
y nos permiten ver aún en condiciones de poca
luminosidad que se llaman “bastones” y las otras
que nos permiten ver una gran cantidad de colores
y se llaman “conos”. Estas células se encuentran
en la retina que es la parte más interna y está
conectada al nervio óptico (figura 6). Los
bastones no son capaces de distinguir los colores,
sino que solo envían al cerebro la cantidad de luz
que han recibido, o sea con ellos vemos en blanco
y negro. Los conos, en cambio están especializados
para distinguir los colores. De hecho hay tres
tipos diferentes de conos, unos sensibles a la luz
roja, otros a la verde y otros a la azul. Es como
si enfrente de cada célula tuviéramos un filtro de
cada uno de esos colores. Debido a que todas estas
células están interconectadas entre si, el cerebro
recibe la información correspondiente a la
cantidad de luz de cada color y así reconoce el
color real.
En los siguientes artículos veremos otros tipos de
instrumentos, como están hechos y que podemos ver
a través de ellos.

Figura 6
Imagen: National Eye Institute
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